lunes, 23 de julio de 2012

Vacaciones


Cuando llegué, mi madre había decidido dejar
de fumar: lo hizo porque decía que un fortuna iba a costar
a partir de ahora más de cinco euros.
Mi madre ha abandonado su vicio porque nos gobiernan unos hijos de puta,
y eso no está bien para nadie.

Ya echaba mucho de menos Alcobendas.

Cuando llegué, todo seguía igual:
mis vicios, mis poemas, mis amigos,
mis cosas, salvo el precio de la gaso
lina, que había subido. Todo seguía igual, pero
era todo también muy distinto.
En el agua del mar, mientras me bañaba
desnudo, había visto la inquietud
de la falta de límites, el origen de la falta de ser.
Había ido a buscar un momento de descanso
y había hallado el malestar del que busca algo que ya tiene.

Tal vez en el mismo centro de mis agobios
se encuentre el equilibrio acertado
que se llama reposo.

domingo, 8 de julio de 2012

Deleitosa


Disfruta ese aislamiento, hazlo por mí,
porque quiere salir esta curiosa
visión de estrellas a tu olor por una
noche juntos bebiendo, muy borrachos,
con la cabeza puesta en otra imaginación
que no es esta que tú quieres ni que yo quiero,
parte con parte, de talones tronan
do despacio en el círculo que nos hemos pintado,
manos que saben a neumáticos después de follar.
Ni con gafas de sol me quito todas
las fotos que aquí en Cáceres saldrán
mañana. Por ejemplo, el cauce gris
ha visto, y morirá de gusto, que
no soy capaz de soltarme de Madriz.




sábado, 23 de junio de 2012

rojo y ciudad derretida




20 de junio de 2012, Bukowski Club.

martes, 12 de junio de 2012

Más de lo mismo


Presiento que me falla el amor, que me faltan fuerzas,
que siempre estoy escribiendo la misma imagen verde
transcrita por los sueños del niño que aún sigo
siendo en las fotos del salón.

Por las noches me enjuago el resultado
diario con el tequila que sube y baja, baja
muy arriba -como tus piernas, la ceniza..-,
alto el techo, la noche tan abierta,
el ruido, el ruido, el susurro más tierno
que grita, alcanza a la hernia y la rompe.

Es un misterio esto de no imaginarse
nada, de divisar con la mano maravillosa
el color de los fantasmas fieles siempre
al ruido en el beso de los horóscopos.

domingo, 29 de abril de 2012

Lápices negros



si os asustan
los lápices sin punta
César Vallejo

Me doy cuenta, y se olvida el tiempo todo,
que estoy escribiendo mi biografía
en lápices negros, actos tremebundos
que colorean mi brazo con un tatuaje.
Voz repetida siempre en mi mente:
son sonidos, se expresan con las manos,
los ojos y los hilos entrecortados
que naufrago y admito, y nunca me convencen.
Y de pronto, viene la transición
entera: en su base está la amistad,
el sello de oro de una madre, nada
más alejado de las sábanas sudadas,
las encías rotas de los vasos
rotos, de las bebidas rotas, de días
que sueñan sus otoños y se reconocen
mentirosos.

Al borde a veces de la vida digo:
qué hago. Si son mis cuitas semillas
en el campo, ¿qué hará el que tiene un árbol
colgando de la espalda? Yo, simple
mente yo, el que espera encontrar su día
en la otra mitad de la cama.

Lápices negros, lápices negros
con olor a quietud. Así resta
el mundo lo que adquiere una huella
en todos los lentos, fijos, pero
presentes testimonios diarios;
en el mundo vital de los olores...

domingo, 1 de abril de 2012

Chulo

Mi madre me recuerda, muy de vez

en cuando, que su padre, mi abuelo,

días antes de morir quería

encargar dos trajes a un sastre: uno

para él y otro para mí. Un traje para

un niño de tres años.


Muy de vez

en cuando, le recuerdo a ella que hay días

en los que mi abuelo es mi copiloto:

yo le suelo ofrecer algún cigarro

y él, mientras sintoniza Radio Olé,

me dice: chulo, cuida de tu madre,

que se merece todo lo bueno de este mundo.


Algunas veces, muy de vez en cuando,

ella piensa, y lo sé, que, por mucho

que nos duela la vida, ella nunca ha dejado

de ser la niña tierna de su padre.



martes, 20 de marzo de 2012

Un consejo, un apoyo, un abrazo

a Víctor Sierra

Para alcanzar las cosas imposibles

tenemos que manchar la virginidad de nuestros padres.

Solo ahí nos encontraremos con nosotros.

Para alcanzar las cosas imposibles

hay que leer despacio, con los dedos,

un manuscrito, salir cualquier lunes

y apreciar Recoletos enfrente

y allá a lo lejos las quimeras.

Para alcanzar las cosas imposibles,

ante todo, dejar el tabaco

y fumar las revistas filológicas,

los recuerdos precisos, y que el humo

sea entonces bienestar y no cenizas

de un tiempo que no fue.

Para alcanzar las cosas imposibles,

un baile y unos ojos. Romper la hache

y el genitivo en esta plenitud

que se ahoga corriendo.

Para alcanzar las cosas imposibles,

repito, un bailes y unos ojos y un futuro.

Para alcanzar las cosas imposibles

hay que teñir los bienes más sencillos

con el tacto cansado de las sábanas,

y buscar en las radios de los coches

la banda sonora del día a día.

Para alcanzar las cosas imposibles,

paciencia, Víctor, paciencia.

Cuando veamos la dicha en lo feo

y el esfuerzo tranquilo en la rutina

que se queda en la camisa, veremos

la capacidad que tiene el andar

por la tierra de sorprendernos.

Alterae res

Vídeo realizado por Alma Prieto