No nacen ellas sino repetidas
a ratos incesantes unas cuantas
veces al morir el sol. Tiernamente
cierran el día y dan paso al susurro
detenido en el cual se metamorfosea
el cuerpo rendido del hombre tras dar
por sentada su estancia reiterada.
Los ojos abren la noche cerrada
y son unas ligeras pinceladas
quienes sueñan con pequeñas e ínfimas gotas de luz,
y detienen los párpados de un impulso,
esperando así que el cristal se rompa
para unirse con la vida otra vez.
(Síntomas de la Selectividad, que se aproxima...)
BABEL - EL RINCON DE JOAQUIN BROTONS, JOSE HIERRO 09/03/2018
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